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2008



Stephens:

Hijos a color


Se podría decir que Miriam Caro, gerente general de Stephens, es una madre orgullosa de sus hijos. No habría novedad en eso hasta que ella cuenta que sólo tuvo una hija hace 29 años ¿Y los otros hijos, entonces? Bueno, fueron plumones. Estas primeras puntas de felpa con tinta propia fueron las que la iniciaron en su negocio, que desde 1978 se ha diversifi cado para cubrir todo lo que un niño usaría para expresarse con colores y formas.

¿Por qué la marca Stephens?

Bueno, mi socio, que era un antiguo proveedor en otra empresa y que era como 20 años mayor que yo, se acordaba de esta empresa inglesa que vendía tinta en los años en que se usaban lapiceras. Ellos dejaron de existir cuando empezaron los lápices Bic. Busqué si estaba registrada esa marca. Y estaba libre. En esos años empecé trabajando muy fuerte con los plumones, que hicieron furor en ese tiempo. Plumones, goma líquida y témpera.

En esos años, los ’80, empezó el auge de las importaciones en Chile. Fue muy duro, pero seguí adelante. En ese tiempo mi socio me dio la facilidad de empezar en el mismo lugar en donde él tenía su otra empresa. Y bueno, hacía de todo…salía a vender, salía a comprar… empecé con dos personas trabajando y así seguí. Después incorporé plasticina, lápices de cera… ahí empezó el boom de la plasticina. Yo empecé con la plasticina en Chile. Y en 1985 empecé a exportar a Bolivia. Yo trabajaba todo el año para abastecerlos de plasticina y témpera. Para el año ’89, mi socio -que tenía una fábrica de vidrio- me dio la oportunidad de quedarme con la empresa así que me vendió su parte, y seguí sola. Entonces con Bolivia y dos o tres clientes más, ya tenía trabajo para todo el año. Cada pedido eran como 100 mil cajitas de plasticina. Ellos en septiembre me pedían la mercadería para poder tenerla en febrero y así venderla para el inicio del año escolar. Había veces en que no tenía stock para tanto, pero ahora si me llegan pedidos y tengo que trabajar en la noche, trabajo en la noche. Y si tengo que buscar más gente, busco más gente. He sido siempre bien ordenadita. Cuando compré la propiedad en donde estamos ahora con Stephens en 1987, la pagué al contado. Es que junto mi plata para los meses que son malos y así he seguido”.

Algo brilla en el escritorio de Miriam mientras conversa, una caja que se prende de barritas que van del rosado al amarillo y al turquesa. Se trata de su nuevo nieto: una plasticina luminosa que va a lanzar ahora y de la que ya mandó muestras a Bolivia. También ha llevado a su familia de témperas, plumones y plasticina de paseo a ferias internacionales en México y Miami, además de visitas a El Salvador y Panamá. Y recuerda como si fuera ayer cuando empezó esta descendencia, con la tinta de 1988.

“Ese año me tocó un trabajo grande para el plebiscito en Chile. Yo les hice todos los tampones para el dedo. Y aparte de eso me pidieron que les envasara la tinta, porque eso lo traen ellos, los militares. En ese tiempome quedé fi chada como que fuera de gobierno porque hice ese trabajo, pero en verdad yo me lo gané porque ofrecí un buen precio. Ahora hace como 3 o 4 años que le vendo a Cencosud, los dueños de una cadena de supermercados y tiendas de casa. Les fabrico todo lo que es tinta para cartelería. Cuando ves los números y las ofertas, esa es mi tinta: permanente y rápida al secado. Además me pidieron una tinta para marcar vidrio, formalita y carteles que se pongan a la intemperie. Así, les cae agua y no se corre la tinta, pero se puede borrar si uno lo desea. Les fabriqué un kit sólo para que ellos puedan ocupar la tinta y una vez al año ofrezco capacitaciones para sus publicistas. Visité los supermercados que están en el sur de Chile y les estoy vendiendo desde marzo. Y ahora viajo al norte para empezar con ellos” Miriam Caro también cruzó la cordillera con su descendencia y allá también los quieren tener. Tanto nieto la ha hecho dividir en partes iguales la producción de sus primeros engendros y la de estas nuevas generaciones. Y entre ellos también hay un resucitado: la pila de ladrillitos de colores en el otro lado de su escritorio.

“Esto es lacre, que se está usando mucho ahora para partes de matrimonio, para botellas de vino y también cartas confi denciales de bancos, por ejemplo. Es que esto es lo único que no se puede violar porque si uno trata de abrir el documento que sella, se quiebra y además deja marcado el papel. Bueno, yo soy la única que fabrica esto en dorado y plateado. En el año 82’ y 83’ estuve vendiéndole mucho lacre a las viñas. El señor con el que trabajaba antes les hacía los envases de vino, esas garrafas grandes… Ahí mandaba el lacre por kilos, incluso tuve que traer una importación de una materia prima para esto, un container completo. Ahora algunos vienen incluso pidiendo colores especiales de lacre, en el mismo tono de alguna etiqueta, por ejemplo. Yo no existiría si no hubiera buscado otras alternativas. Aparte de los viajes que hecho con ProChile, ahora empecé un coaching con ellos y tuve una activación en mí… como de volver a la carga, de que esto no me venciera. Estamos con ganas de tirar para adelante. Quiero buscar nuevos mercados. Estoy bien animada”.


Base de información:

http://www.prochile.cl/desarrollo/chileinfo/sitio/archivos/documentos/revista_chile_3.pdf